Ante el peor momento para un relevo en el Banco de México
CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

Parece lejos la fecha en que Agustín Carstens tomará sus maletas y se subirá a un avión con destino a Suiza para iniciar una nueva vida como gerente general del Banco de Pagos Internacionales.

A partir de octubre iniciará su trabajo en Basilea, pero evidentemente se tendrá que ir antes para instalarse y aprender el camino a la oficina.

Esto implica que para el verano hará efectiva su renuncia como gobernador del Banco de México (Banxico). Por lo tanto, implica que para esos días debería estar ya designado su sucesor.

La baraja es buena, pero no tan amplia, y mucho de lo que determinará esta designación y aprobación pasa por los conocimientos técnicos, pero también por los acuerdos políticos. Sin embargo, mientras llegan esos tiempos, el banco central mexicano tiene mucho trabajo por delante.

De entrada la política monetaria mexicana no se puede despegar de las decisiones que en esa materia se tomen en Estados Unidos (EU).

Y ahora tenemos claro que a la lista de consideraciones que tiene que tomar en cuenta la Reserva Federal (Fed) de ese país, también hace manifiesto su interés y preocupación en las políticas públicas que dicte desde la Casa Blanca Donald Trump.

Con la inflación más alta de lo esperado y con el consumo interno creciendo a tasas firmes, a la par de un mercado laboral robusto, parecen quedar pocos que no apuesten a que durante el próximo mes de marzo la Fed habrá de elevar su tasa de interés otro cuarto de punto.

Y a la par de que eso suceda en EU, el Banxico está obligado a actuar en consecuencia, con una política de espejo, pero con el aumento necesario que compense la disparidad de las economías; por lo tanto, medio punto porcentual adicional sería lo que podríamos esperar en respuesta.

Pero a la par de seguir cada uno de los movimientos de la Fed en esta fase de neutralidad en su política monetaria y la posibilidad de convertirla en restrictiva, en el ambiente interno hay también presiones que pueden obligar a la autoridad monetaria a no tocarse el corazón para disparar más aumentos al costo del dinero.

Es verdad que se ha tomado la determinación política de controlar las presiones de mercado en los precios de las gasolinas. Básicamente porque estos energéticos generan gran atención en la opinión pública y por lo tanto el control de sus precios es también un control de daños políticos.

Pero hay otros precios que han subido incluso más que las gasolinas y que presionarán la inflación sin duda, como el gas LP que ha subido más de 30% en lo que va del año o el gas natural que tuvo un impresionante aumento de 100% durante febrero. Que no lo vean los que buscan pleito no significa que no pegue en los precios.

Esto podría llevar al Banxico a optar por aumentos adicionales para frenar que se genere la expectativa de que los precios están descontrolados.

Son hechos que habrán de ocurrir en los meses por venir, y si bien soy un convencido de la institucionalidad del Banxico y su buen funcionamiento independientemente de las personas, también creo que es muy mal momento para cambiar de jinete a la mitad del río y con pirañas bajo los pies.

Inflación

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